En este mundo globalizado del tercer milenio, uno tiende a pensar que las decisiones sobre que mundo queremos ya están tomadas, los sueños utópicos ya están todos rotos. La resignación es el mal de este siglo.
Las grandes empresas, nuevos monarcas sin rostro, se plantan frente a nosotros como gigantes aparentemente invencibles... ¿que le importa a Ronald, que yo, un simple mortal, no coma de sus hamburguesas? si hay miles, millones, que lo siguen haciendo. ¿Se va a fundir la Coca-Cola porque yo no tome su jarabe adictivo? claro que no. Y con estas razones es que la gente te mira, día a día, y se te ríe en la cara, "tus decisiones serán muy argumentadas, pero no estas haciendo nada realmente".
Y quizás así sea.
Pero hay algo que reivindico. La capacidad de luchar por los sueños por más imposibles que parezcan. El avance será lento, de a pasos muy cortos, pero de a pequeñas decisiones es que se puede cambiar el todo.
Siempre hay alternativas. Yo no quiero transgénicos, y planto mis hortalizas en casa. Yo no quiero transnacionales, que se rigan por la lógica del mercado, sin importarles los costos; y entonces uso software libre, tomo agua de la canilla, no como comida rápida. Siempre hay alternativas. A veces decidirse por una parece difícil (salir de la rutina siempre lo parece), pero luego de tomada la decisión, si uno está seguro de porqué lo hace, es mucho más fácil de lo que parecía.
No dejemos que los gigantes nos asusten. Decidamos siempre lo alternativo, es la manera que tenemos de revelarnos al gran sistema. Boicot a las multinacionales!
No hay comentarios:
Publicar un comentario